FISIOTERAPIA ESPECIALIZADA
PARA TU BIENESTAR
Masaje en Clínica Lenira

Clínica Lenira Santolaya

 
 

Nuestras noticias y novedades

 
 

Macronutrientes y micronutrientes

Los nutrientes que ingerimos se dividen en 2 grupos:

  • Macronutrientes, formados por hidratos de carbono, proteínas y grasas.
  • Micronutrientes, compuestos por vitaminas, minerales, oligoelementos, fitoquímicos y antioxidantes. Aunque los micronutrientes esenciales son los dos primeros citados.

La cantidad necesaria para asegurar un correcto estado de salud del organismo es diferente entre unos nutrientes y otros; y, de ahí, su nombre.

Nuestro organismo necesita cantidades mayores en el caso de los macronutrientes, ya que son los encargados de aportar energía al mismo. Se aconseja un consumo en la siguiente proporción: hidratos de carbono del 50 al 60%; proteínas del 12 al 15% y grasas del 30 al 35%. Debemos, también, mencionar el agua, aunque no es un macronutriente, es un alimento básico para mantener el equilibrio del organismo; se recomienda el consumo de 1,5 a 2 litros, diarios.

Sin embargo, la cantidad de micronutrientes que nuestro organismo necesita es inferior, pero no, por ello, menos importante. Es muy importante asegurar un consumo adecuado, ya que su déficit o exceso puede ocasionar disfunciones y enfermedades graves en el cuerpo humano; porque, aunque no aportan apenas energía, participan en determinados procesos metabólicos.

Los alimentos procesados suelen carecer de micronutrientes, mientras que en los alimentos naturales si contienen mayor cantidad.

Las vitaminas: son micronutrientes esenciales para el organismo. Hay 13 tipos diferentes: A, C, D, E y K, además de los 8 tipos de vitaminas que forman el complejo vitamínico B (tiamina, riboflavina, niacina, ácido pantoténico, biotina, vitamina B6, vitamina B12 y folato o ácido fólico).

Las vitaminas se dividen en 2 grupos: 

  1. Vitaminas hidrosolubles: son la vitamina C y el complejo vitamínico B. Las absorbe la sangre y son solubles en agua; y, si se toman en exceso, se eliminan a través de la orina. Hay que tomarlas de forma continua y regular.
  2. Vitaminas liposolubles: son las vitaminas A, D, E y K. Son asimiladas a través de las paredes intestinales y solubles en grasa. El organismo las almacena en el hígado y en la grasa corporal durante largos periodos de tiempo. Por lo tanto de nada sirve tomar suplementos, si no es de forma racional y controlada.

Funcion de cada vitamina:

  • Vitamina A: participa en la función de protección de la piel y la visión.
  • Vitamina C: permite la síntesis del colágeno que participa en la cicatrización, es antioxidante y participa en el metabolismo de las grasas.
  • Vitamina D: facilita la absorción del calcio y fósforo. Esta vitamina se sintetiza en la piel gracias a la exposición solar.
  • Vitamina E: participa en la síntesis muscular y en los glóbulos rojos.
  • Vitamina K: participa en la coagulación de la sangre.
  • Vitaminas del grupo B: participan en el metabolismo de los hidratos de carbono.

Los minerales: son sustancias inorgánicas que están presentes en la naturaleza, y no pueden ser producidas por nuestro cuerpo, por lo que debemos ingerirlos. Se dividen en sales minerales (calcio, magnesio, fósforo, azufre, cloro, sodio y potasio) y oligoelementos (cromo, cobre, flúor, yodo, hierro, manganeso, selenio, cinc y molibdeno). Todos ellos son indispensables para mantener el equilibrio corporal y la actividad celular. Tanto el déficit como el exceso de minerales pueden causarnos problemas.

La mejor fuente de los micronutrientes es seguir una dieta sana y equilibrada, que incluya fruta, verduras, carne blanca y roja, pescado azul y blanco, frutos secos, cereales y huevos, ya que en ellos estás todos los nutrientes necesarios. Y para la vitamina D, la mejor fuente es el sol.

 

*En próximas entradas explicaré con detenimiento cada micronutriente, su fuente y funciones principales, y los problemas que surgen por su déficit o exceso.

 
 
 

Periostitis Tibial

La periostitis tibial es la inflamación del periostio o membrana de tejido conectivo que recubre el hueso de la tibia. Esto se produce por la tracción de los músculos tibiales sobre su insercción ósea al impactar el pie contra el suelo. Suele aparecer en pleno desarrollo de la actividad física como una leve quemazón que va en aumento conforme progresa el esfuerzo. El dolor es el síntoma principal y se localiza generalemente en la zona central e interior de la tibia (espinilla); la sensación es como tener un cardenal en dicha zona. Existe la periostitis tibial anteior (más común) y la posterior.

Esta inflamación puede deberse a:

  • Sobrecarga por una actividad física.
  • Un trauma directo sobre la tibia.
  • Uso de un mal calzado (que no amortigua ni absorbe el impacto).
  • Pie en pronación (que fuerza a la musculatura del tibial posterior, cuya función es la supinación del pie).
  • Técnica incorrecta de carrera.

Es una lesión típica del corredor, y se produce en periodos en los que los corredores aumentan su carga de entrenamiento, ya que existe una tracción y vibración constante sobre el periostio, por el impacto del suelo.

La periostitis es fácil de dectectar. Al comenzar a correr, en el impacto del pie contra suelo, se nota un pinchazo en la zona de la tibia, que va progresando poco a poco; suele notarse también, al andar o subir escaleras.

La recuperación de una periostitis tibial se basa en:

  • Reducir la carga de trabajo físico (disminuyendo la intensidad del ejercicio y evitar entrenamientos fraccionados).
  • Evitar correr en superficies duras (asfalto, cinta de correr, etc).
  • Reposo si fuese necesario.
  • Calentar la musculatura antes y estirar después de la actividad física.
  • Aplicar frío local, sobre todo tras realizar algún ejercicio físico.
  • Vendar la zona dolorida con esparadrapo no elástico o usar medias de compresión (para atenuar la vibración en el momento del impacto contra el suelo).
  • Uso de un calzado correcto (que amortigüe el impacto).
  • Evitar colocarse caloren la zona.
  • Aplicar un apomada antiinflamatoria en la zona d ela inflamación.
  • Acudir al fisioterapeuta.

El fisioterapeuta ayudará a relajar la musculatura hipertónica y aliviar la zona del dolor. Además, en caso de tener una incorrecta técnica de carrera, será esencial estudiarla y modificarla, porque si no recaerá constantemente en la misma lesión. En algunas ocasiones es necesario el uso de una plantilla para mejorar la pisada (recetada por el podólogo). También deberá prestar atención a traumas anteriores, que haya podido sufrir el corredor (esguinces de tobillo, golpes en la tibia...), ya que pueden haber alterado las fibras del tejido conectivo.

 

 
 
 

Escoliosis

En la columna vertebral existen algunas curvas que son fisiológicas, normales: en la zona cervical y lumbar es la lordosis; mientras que en la zona dorsal es la cifosis. Estas curvas se disponen en el plano antero-posterior (hacia delante y atrás) de la columna. La escoliosis, en cambio, es una curvatura patológica, anormal, de la columna vertebral cuando se presenta de forma exagerada. Ésta curva se produce normalmente en un plano frontal, provocando una rotación y/o desviación hacia los lados, resultando una curva en forma de "C" o de "S", dando lugar dentro de la curva a una zona cóncava y otra convexa.

La escoliosis con mayor frecuencia afecta a las niñas y empeora durante el período de crecimiento rápido. Se cree que hay un factor hereditario predisponente.

Los tipos de escoliosis, según su causa, son:

  • Idiopática: se desconoce el origen. Es la escoliosis más común, en torno al 80% de los casos. Se divide en 3 subtipos según la edad en que aparece: infantil (antes de los 3 años), juvenil (desde los 4 años hasta los 10 años) y adolescente (desde los 11 años hasta los 18 años).
  • Congénita: aparece por una malformación durante el embarazo. Se produce cuando las vértebras o costillas no se forman correctamente.
  • Neuromuscular o miopática: está asociada a trastornos del sistema nervioso o muscular, por ejemplo: en pacientes con espina bífida, parálisis cerebral, distrofia muscular, polio,...
  • Degenerativa: es la más común en personas mayores, se diagnostica pasados los 50 años, y es debido al desgaste de las vértebras.

La escoliosis provoca deformaciones en:

  • Las vértebras. Tienden a formar una cuña, pudiendo, en el lado cóncavo de la curva, estrecharse los agujeros vertebrales por donde salen los nervios raquídeos.
  • Las costillas. Se deforman por la inclinación de las vértebras: en el lado convexo de la curva se separarn entre sí y en el lado cóncavo se aproximan. 
  • Los discos intervertebrales. En el lado cóncavo se aplastan, mientras que en el convexo se descomprimen.
  • Los ligamentos. En el lado cóncavo de la curva aparecen más engrosados y en lado convexo se encontraran distendidos.
  • Los músculos. Del lado cóncavo se muestran acortados, y en el convexo sobreestirados.

Todo ello provocará un cambio postural, donde encontraremos una cadera y/u hombro  más alto de un lado que otro, una curva inclinada más hacia un lado de las vértebras, dolor de espalda y debilidad de la columna que no permite estar mucho tiempo de pie o sentado. Hay que tener en cuenta también el aspecto físico, que suele afectar a la autoestima del paciente.

Es importante detectarla cuanto antes, para evitar mayores deformaciones que perjudicarían el sistema cardio-respiratorio y dificultarían la movilidad. Los médicos, una vez detectada, suelen volver a examinar el paciente cada 6 meses, para poder controlarla. Hoy en día se hacen exámenes médicos en la mayoría de los colegios públicos, para detectar o prevenir posibles casos de escoliosis.

Los aspectos más importantes que se evalúan son el grado de inclinación, la rotación de las vértebras y la edad de inicio. Ya que cuanto mayor sea el grado de desviación de la columna mayor serán las complicaciones; y si, además aparece en edades muy tempranas, el pronóstico empeora porque, con el crecimiento, la inclinación de la curva tiende a aumentar.

Para poder diagnosticarla se realiza un examen físico. Y para confirmar el diagnóstico se hacen radiografías de la espalda del paciente en bipedestación. A veces, se pide también una resosnacia magnética de la columna. Gracias a la radiografía se puede medir el grado de la curvatura de la columna; esta medición se realiza gracias al ángulo de Cobb. Según este ángulo, la escoliosis puede ser leve (menor o igual a 20 grados), moderada (entre 20 y 35 grados) y grave (a partir de los 40 grados).

En pacientes, con escoliosis leve, se puede detener la desviación con ejericios de espalda y una correcta postura. En cambio, pacientes con una escoliosis moderada, necesitan tratamiento de fisioterapia y, quizás, el uso de un corsé ortopédico. Sin embargo, para un paciente que presente una escoliosis grave, la mejor opción es la cirugía.

Los corsés ortopédicos pueden ser traumáticos para la mayoría de los niños. El uso de ellos es de unas 20 horas al día. Actualmente están realizados con materiales que pesan poco, están adaptados al paciente y se colocan por debajo de la ropa. Su función es mantener la curva para que no empeore a medida que el niño crezca. Igual de importante, que usar el corsé, es fortalecer la musculatura de la espalda; porque, si no, una vez que se retire éste, la curva empeorará. El corsé es retirado por el médico o traumatólogo, de forma progresiva cuando el creciemiento del niño haya finalizado.

Para fortalecer y mejorar la desviación de la escoliosis, la fisioterapia ayuda mucho, ya sea con: ejercicios personalizados de Pilates, ejercicios Klapp, reeducación postural (RNP) o ejercicios de la Escuela de Espalda.

Si la escoliosis es grave, la cirugía es la mejor elección. Esta consiste en colocar tornillos, varillas, alambres e injertos de hueso, para ayudar a corregir y mantener las vértebras en una correcta posición. Después de ésta, el tratamiento fisioterapéutico es esencial, pues le ayudará con los moviemintos de traslado de la cama, caminar, subir escaleras, etc. La actividad en general se limita durante los primeros 6 meses ya que se debe asegurar que la curación está avanzando, la cual no será completa hasta los 2 años.

 

 
 
 

Tendinitis y Tendinosis

El tendón es la estructura fibrosa que une el músculo al hueso, permitiendo la movilidad articular. Tendinitis se llama a la lesión del tendón, y se caracteriza por la inflamación, irritación e hinchazón del mismo. Tendinosis se llama a la degeneración del tendón.

Cuando el tendón se inflama, aparece una tendinitis. Si ésta permanece en el tiempo se convierte en tendinosis, apareciendo roturas fibrilares del tendón, seguidas de una formación desordenada y anárquica de fibras, dando lugar a tendones más frágiles y débiles que pueden terminar en roturas tendinosas.

Los tendones que sufren este tipo de afectación con mayor frecuencia son: los del codo (epicondilítis y/o epitrocleítis), del talón (tendinitis aquílea), de la rodilla (tendinitis de la pata de ganso y/o rotuliano), del hombro (tendinitis del supraespinoso y/o del manguito rotador) y de la muñeca (tendinitis De Quervain).

La tendinitis una vez detectada debe tratarse lo antes posible, para prevenir una tendinosis, ya que son lesiones más recidivas y latosas.

Para prevenir la tendinitis en general se debe:

  • Evitar movimientos repetitivos de una articulación.
  • Disminuir la sobrecarga muscular de la zona.
  • Mantener los músculos fuertes y flexibles.
  • Calentar la musculatura antes de realizar algún deporte de impacto.
  • Respetar los tiempos de descanso y reposo.

Para una prevención más específica, pondremos especial atención: 

  • Los hombros: evitar realizar actividades que requieran mantener los brazos por encima de la cabeza por largos periodos.
  • Los codos: no agarrar con fuerza herramientas y/o lápices y evitar movimientos repetitivos de las manos y dedos.
  • Las muñecas: evitar repetir los mismos movimientos de las manos durante largos periodos y realizar descansos frecuentes. No usar sólo la muñeca o mano para realizarlos, sino usar la fuerza del antebrazo o brazo.
  • Las rodillas: no permanecer largos periodos sentados ni arrodillados. Fortalecer la musculatura de los cuádriceps.
  • Los pies y tobillos: usar calzado cómodo y usar plantillas adecuadas si fuesen necesario.

Existen diversos factores causantes de la tendinitis: 

  • Lesión sobrevenida por la práctica deportiva.
  • Movimientos repetitivos.
  • Sobrecarga o distensión muscular.
  • Mantener una posición incorrecta o anómala de una articulación.
  • Compresión del tendón.
  • Enfermedades: diabetes, artritis reumatoide, gota, psoriasis...
  • La edad, por la pérdida de elasticidad.

Los síntomas de la tendinitis y/o tendinosis son:

  • Dolor e inflamación en el tendón, sobre todo cerca de la inserción del hueso.
  • Dolor que empeora al realizar determinados movimientos o esfuerzos.
  • Dolor por las noches y rigidez por las mañanas.
  • Disminución del rango de movilidad.
  • Sensibilidad y enrojecimiento en la zona.
  • Disminución de fuerza muscular.

El objetivo del tratamiento es aliviar el dolor, reducir la inflamación y recuperar la capacidad funcional de la zona.

El tratamiento médico consiste en la combinación del uso de antiinflamatorios no esteroideos y de férulas ortopédicas, para ayudar en el descanso de la zona. También es frecuente el uso de infiltraciones en el tendón.

Desde el puto de vista fisioterapéutico, se utilizan diferentes técnicas: aplicación de frío o  calor, ultrasonido, electroterapia, técnica de cyriax, masaje y estiramientos musculares, y ejercicios de reeducación postural.

Normalmente los síntomas mejoran con el tratamiento y el reposo. Si la lesión fue causada por una sobrecarga, se deben cambiar los hábitos de trabajo para evitar que reaparezca.

 

 

 

 

 

 
 
 

Láser Vaginal

Es una técnica innovadora en el tratamiento físico y local del suelo pélvico. Los ginecólogos la están empezando a utilizar para prevenir y tratar la atrofia vaginal y sus consecuencias. Es una técnica ambulatoria, sin cirugía, indolora y mínimamente invasiva; y permite estimular la producción de colágeno en la zona vaginal, ayuda a tensar y tonificar los músculos, mejora la hidratación de las paredes vaginales y alivia los síntomas de la atrofia vaginal.

La atrofia se caracteriza por una disminución del espesor de la mucosa genital. Y es el resultado del déficit de producción de estrógenos en la menopausia o tras un tratamiento prolongado como la quimioterapia, terapia de radiación o terapia hormonal.

Algunos de los síntomas de la atrofia vaginal son:

  • Incontienencia urinaria leve de esfuerzo (IUE).
  • Disminución del moco y lubrificación vaginal.
  • Prurito o picor por escasa lubrificación.
  • Dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

El láser intravaginal provoca un estímulo térmico en la mucosa de las paredes de la vagina, generando en ellas unas microlesiones imperceptibles y, facilitando:

  • La neocolagénesis (proliferación de colágeno y tejido conjuntivo en el epitelio).
  • La reorganización de los componentes de la mucosa.
  • La neovascularización capilar.

De esta forma conseguimos una mucosa más espesa y más tónica y menos laxa. Todo ello permite una mejora lubrificación e hidratación de la misma, restableciendo el pH vaginal. El láser solo actúa en las capas superficiales de la piel, evitando dañar los tejidos circundantes. Con la primera sesión se inicia la regeneración que dura varias semanas, aunque la estimulación es inmediata y se perciben las mejoras desde el primer momento.

El tratamiento dura aproximadamente unos 20 minutos en los cuales se aplican, de forma consecutiva, pulsos con el haz del láser. El tratamiento puede producir una ligera sensación de calor durante su aplicación. Es conveniente ralizar 3 sesiones sucesivas con un intervalo entre 4 a 6 semanas, y posteriormente una de recordatorio anual. Después de la aplicación se puede hacer vida normal aunque, en las primeras 48 horas, se recomienda no mantener relaciones sexuales con penetración vaginal, ni realizar ejercicio físico muy intenso en el mismo día de la sesión.

El tratamiento está indicado en las mujeres que estén en la menopausia, mujeres que hayan pasado por un tratamiento oncológico o en el postparto. Quedan excluidas pacientes que presenten una infección vaginal aguda no tratada, o que padezcan un prolapso urogenital del grado II o III.

Se trata de una técnica muy segura aunque, como en toda actuación médica, existen posibles riesgos como: alergia a alguno de los productos empleados, lesiones térmicas secuandarias al uso por parte de la paciente de la medicación fotosensible, e infecciones vaginales secundarias a la manipulación vaginal.

 

 

Desde ésta clínica estamos colaborando con el ginecólogo Dr. Esteban Campeny , en la aplicación de ésta técnica.

 

 
 

Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí. Si continuas navegando estás aceptándola.